—Tu vida va a ser un infierno, de acá hasta el 1° de febrero del 2014 —me dijo mifuturomarido.
Que uno se vaya a casar con alguien ya es mucho. Y más si con el que lo vas a hacer te dice lo que te dice.
¿Alentador? ¿Realista?
Es
enero. Lunes. El último lunes de enero del 2013. Se nos ocurrió lo del
casamiento a los dos. Fue el domingo 20 de enero. Así como por arte de
magia, pero sin conejos ni galeras.
¿El inicio del fin?
El
tema del "sí, quiero" no es nuevo. Hay que decir que el contexto ayudó.
En una semana tuvimos dos casamientos: el de mi prima Nadia con Adrián y
el de Cinthia con Alejandro, unos amigos.
Fue hace un tiempo que recibí la propuesta. Creo que dos años, pero vayan sabiendo que las fechas no se llevan bien conmigo. Para eso, entre otras cosas, tengo amifuturomarido. Él regresaba de Chile después de la muerte de su padre. Yo sólo me quedé tres días. Los tres días que duró el funeral de su padre (sí, ¡tres días!). No es que me esté casando con el hijo de Pinochet. Ni dios lo permita. Es que por distintos factores del órden geográfico -los hermanos de mifituromarido viven entre Alemania y Argentina- se hizo lo que se pudo.
Seguro que en este preciso momento mi suegro me debe estar leyendo sentado en una nube mientras organiza una revolución en el Paraíso.
Con la emotividad del caso llegó la pregunta. Recuerdo que estábamos acostados y él me lo dijo. Soy poco romántico asique no recuerdo exactamente las palabras, pero sí que lo dijo. Al tiempo nos peleamos. Estuvimos separados y lo del casamiento, como sabrán, quedó suspendido. "Regrese en otro momento. Los novios se pelearon", decía el cartel.
Pero el viento nos volvió a amontonar. Siguieron las peleas, pero con menos frecuencia. Creo que ya peleamos para no olvidarnos de cómo eran, por deporte. Para no aburrirse. Después de siete años -además de "La crisis de los siete años"- uno ya sabe mucho del otro. Recibió mucha información. De la buena. De la mala. De la vida cotidiana. De la rutina. Conoce el olor del pedo, la cara de culo, la mirada que indica que es hora de retirarnos, el labio que se afina anticipando la neurosis, entre otras. Pero igual me caso.
Bueno, en definitiva es que me caso. Nos casamos. Como a él esto de andar contando las cosas no le sienta bien, solo lo mencionaré como mifuturomarido. Él es más decimonónico. Más del papel y la pluma. La galera y la paloma mensajera. Lo virtual es para mí. Lo protocolar y señorial para mifuturomarido.
Tengo 35 años. En dos meses cumplo 36. Tres docenas de años. Así no suena tan mal. Me casaré a los 36. Me viene muy bien que sea en febrero así todavía tengo 36 y no 37. El tema de la edad es algo de lo que me ocupo. Nada de andar diciendo mi edad, se los ruego sentado de rodillas sobre un maizal de soja transgénica. Pero no es lo mismo 36 que 37. 37 está muy cerca de 40 y 36 más cerca de 35. Así que cerremos en que me caso a mis 35. O 33 si lo prefieren. Y si hay alguien que se confundió y dijo 30, da igual.
Para no marearlos. Los planes son: 31 de enero del 2014 civil y luego alguna reunión. ¿Fiesta? Qué buena pregunta. Algo habrá. ¡Qué duda cabe! Dependerá del presupuesto: podrá ser almuerzo a la canasta en la sombra de algún árbol añoso del Parque Pereyra Iraola. Una linda merienda de mates con churros o pastelitos. Un brunch con mate y milanesa de pollo. Un after brunch con empanadas frías y algún Martini Drive o una fiesta de etiqueta por algún pueblo perdido del interior con carpas y traslado de muchas cosas...
***
Me casoooooooo. Y para no morir en el intento de quedar soltero es que descargaré mis días de furia entre tules y argollas (por las alianzas).
Les iré contando todas las intimidades de la boda gay del siglo desde este humilde blog. Como el diario de mi boda o el último año de soltero. O como quieran llamarlo. Ya pensé posibles posteos como la elección de los testigos, el día que se lo dije a mi madre, el primer presupuesto del catering, la dieta para perder los 10 kilos que me sobran, entre otros.
Ah, se agradece difusión. Siempre es bueno saber que a uno lo leen y no escribe al pedo. Quién dice puedo meter algún canje de zapatos o la torta del Rey del Dulce.
M.
